jueves, 18 de diciembre de 2014

Casi fin de año y yo con el cuenta sin poner a cero.

¡Hola a todo el mundo!

Va avanzando la semana y está siendo realmente aceptable en cuanto a entrenos se refiere. Pero no sólo en salidas en bici, si no que un proyecto ilusionante va tomando forma. Ya os contaré cuando tenga más forma, pero la cosa pinta muy bien.

Todo empezó el domingo con una rutilla muy chula, de casi 80 Km, en muy buena compañía, y que hizo que soltase las piernas después de casi un mes sin poder entrenar bien. Mucho gimnasio, ejercicios específicos y tutes de rodillo, sí, pero no es lo mismo.

Luego, como os comento, el tema este del proyecto ilusionante, ha ido cogiendo forma. Es fantástico ver, paso a paso, como nace una idea que empezó de la forma más absurda pero que va arrastrando cada vez a más amigos. Cada día algo nuevo. Cada día un paso pequeño pero muy seguro. Veremos.

Y ya casi estamos en fin de semana y dadas las fechas en las que estamos, casi en fin de año. Creo que ya debería de haber puesto a cero el cuenta kilómetros porque los entrenos que estoy haciendo son de cara al 2015, que se presenta fantástico.

Este año que estamos a punto de dejar atrás, ha supuesto el despertar de una nueva actitud ante el cicloturismo por mi parte. Retos cada vez más exigentes, sin perder de vista que esto es algo que hago para divertirme, si puedo, con colegas.

El nuevo año, lo enfoco muy parecido pero con retos aún más grandes, aún más altos y aún más ilusionantes. Cuando todo parece que se complica, siempre se puede dar un par de golpes de riñón y seguir para adelante. Cuánto me enseñaste, Angliru.

Así que os tendré informadas e informados de los retos y proyectos que van saliendo adelante. 

¡¡¡Nos vemos en el ASFALTO!!!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Qué os contáis?

¡Hola a todo el mundo!

Pues sí. Aquí estamos todos. Estamos todos y el dichoso enemigo del cicloturista que es el invierno, con sus pocas horas de luz, su mal tiempo y todas esas cosinas buenas que tiene.

Pero tranquilos, amigas y amigos porque en nada, los días a estarán creciendo a todo meter y todos seremos más felices y podremos sacar a pasear nuestros hierros.

Hasta que eso ocurra, por mi parte, estoy planificando la temporada que ya está aquí encima. Voy a apostarlo todo a una carta. Los 10.000 del Soplao. El infierno cántabro. En principio, a la de gran fondo de 220 km o algo así, pero como se den bien los entrenos, siempre he tenido ganas a la de 300 km, aunque eso parece una liada cojonuda.

Entre rutinas de gimnasio específicas para la bici, kilómetros corriendo, horas de rodillo y, cuando se puede, alguna salida en bici, se van pasando los días malos del año y voy afinando para empezar la campaña 2015 como un titán. 

Y así entre nosotros, tengo en mente un proyecto muy ilusionante del cual os daré buena cuenta en cuanto tenga tiempo de gestionar los papeles así que, en esas ando.

No os olvidéis de que sigo aquí y la temporada 2015 se presenta muy pero que muy bien.

Nos vemos en las carreteras, ¡¡¡ CICLOTURISTAS!!!

domingo, 9 de noviembre de 2014

Póntelo, pónselo.

¡Hola a todo el mundo!

Tras una dura noche de trabajo hasta las tantas y una larga mañana de cura de sueño, pasando por una comida deliciosa, lo mejor que se puede hacer un domingo antes de que anochezca es vestirse de ciclista y salir a rodar. Y os aseguro que asomando la cabeza para ver qué tiempo hacía, se te quitaban algo las ganas de dar pedales.

Viento, nubes y frío eran los ingredientes que me estaban esperando para una rutita corta pero que haría de mí alguien un poquito más feliz.

Mucho cicloturista habla de final de temporada y casos así en plan profesional, pero en realidad lo que ocurre por estas fechas es que los días son más cortos y se tiene menos tiempo para salir a rodar. Así que, como en mi caso no entiendo de finales de temporada ni dios que lo fundó, una vez disfrazado de ciclista, a rodar se había dicho.

Como digo, en estos días a penas hay tiempo para entrenar. Cuando no hace malo, hay que hacer cosas o, sencillamente, no apetece. Es tiempo de rodar para no perder la costumbre, así que en esas estaba yo. Dando pedales, soportando alguna ráfaga de viento helador que se te metía hasta lo más profundo.

Y como la etapa de hoy era una de esas por las que habré pasado tres millones de veces, comencé a pensar. Divagaba acerca de temas como que tenía frío, pasando por la sensación de estar aprovechando la tarde y terminando por un pensamiento muy concreto....

Este pensamiento concreto se centraba en recordar otro día en el que salí para aprovechar la tarde y lo terminé en el hospital, básicamente, por estar despistado como era el caso de hoy. Así que me volví a concentrar en lo que estaba haciendo.

Y el tema central de lo que os quiero hablar es, precisamente, lo que hizo que, a día de hoy, pueda seguir escribiendo, salir en bici y manteniendo una vida normal. El casco.

Siempre salgo a entrenar con casco. La verdad es que nunca he interpretado hacerlo de otra manera, pero ciertamente, jamás le di importancia. Era un complemento más. Al igual que me ponía los guantes o las gafas, pues me colocaba en la cabeza el casco. Sota, caballo y rey, sin pensar en que éste, era un ángel de la guarda.

Y allí estaba yo, hace algo más de un mes, rodando por la Sobarriba como otras tantísimas veces. Pensando en mis cosas, disfrutando de una de las cosas que más me gustan en este mundo, que es andar en bici y, de repente, sin tapujos, me metí un hostión.

Cómo, aún no lo sé, la verdad. Lo único que os puedo decir es que estaba despistado y se me giró el manillar hacia la izquierda por completo. La consecuencia fue que salí volando, "de orejas", por encima del manillar, así que el golpe fue inesperado y muy seco. 

No me dio ni tiempo de preparar el cuerpo para el impacto, así que lo frené con lo que el azar decidió. El hombro izquierdo y la cabeza.

En un principio, no fui consciente de que me había pegado un galletón tan grande. Me encontraba bien, sin nada roto, pero a medida que pasaban los segundos, me iba dando cuenta de que tenía el cuerpo con una tensión muy por encima de lo normal. La mandíbula la tenía ultra tensa. 

Justo en ese momento, además de las comprobaciones típicas para saber dónde tenía las heridas y comprobar que no tenía nada roto, fue cuando me quité el casco porque me daba a mí que algo no iba bien en la cabeza, más allá de la pedrada habitual que llevo siempre puesta.

Al quitarme el casco pude ser consciente de la verdadera violencia de la caída. El lado izquierdo del mismo estaba partido y hundido. Me quedé pálido. Me quedé sorprendido. Me quedé impactado. Pero, gracias al casco, me quedé en este mundo.

Después de limpiarme un poco y reparar la rueda, que explotó, no sé muy bien por qué, llegó Alejandro. 

Alejandro, que os estaréis preguntando quién es, es un compañero cicloturista que apareció por ahí. Mi nuevo amigo me acompañó casi hasta casa, que fue muy de agradecer, porque estaba un poco ido. Desde aquí, le doy las gracias.

Y desde aquí, así como conclusión, os digo que si alguno de los que lee esto aún sale alguna vez sin casco, que por favor se replanté la vida. Que si tiene dudas, le doy mi teléfono y se lo explico. Porque yo en ningún momento esperaba una caída. En ningún momento esperé que a 24 km/h, que era la velocidad a la que iba, un golpe pudiese ser tan sumamente violento.

Puedo asegurar que de no haber llevado casco, ahora mismo estaría o muy jodido y, simplemente, no estaría.

Así que, amigo cicloturista, ponte casco SIEMPRE. Póntelo, pónselo.